Otra vez, el agua y los sueños.
Había niños y madres alteradas en un lago de provincia que se veía azul pero que también se veía blanco. Yo no me quería subir al micro que me llevaba a la gran ciudad, una capital llena de luces, triste, sin agua. Finalmente, decido emprender el viaje. Un niño llora aunque todo es paz y armonía para mí. En cuanto el mundo se vuelve consciente, comienza a llover. Andaríamos por Médanos (ahí siempre llueve). Faltaban sólo mil kilómetros...
Y aquí el sueño se borra y sólo queda el andar de ese micro por las rutas del sur.
The Art Institute Of Pittsburgh Online Division
Hace 3 años